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viernes, 1 de enero de 2016

ENTREVISTA A ANDRÉS MILLÁN. CEXT

Para quien no lo conozca, CEXT es un portal que busca consolidar una red activa e informada entre jóvenes españoles en el extranjero y fomentar la presencia de asociaciones de españoles en el exterior. Configurada como una red social, se convierte en un espacio para compartir intereses e inquietudes y para proporcionar recursos útiles a los que están fuera de España. 

Haciendo click en la siguiente foto, podréis ver por medio de una pequeña entrevista las razones por las que me decanté a salir del país temporalmente. Espero que os guste la entrevista y que, sobre todo, os inspire.


jueves, 25 de junio de 2015

MILLAU (MIDI-PYRÉNÉES), FRANCIA. JULIO-AGOSTO 2015

Me encontraba en el último curso de la carrera y sabía que, al acabarlo, tendría toda una vida por delante, llena de metas y deseos por cumplir, como seguir viajando por el mundo, aprender otras lenguas, conocer otras culturas o afrontar nuevos retos y aventuras. Por ello, en lugar de convalidar algunas de las muchas prácticas que ya he ido realizando a lo largo de la carrera, decidí buscar unas últimas ya que, si quería salir al extranjero, de esta manera iba a ser más sencillo que las empresas me aceptasen en su equipo de trabajo, siendo al mismo tiempo más flexibles y permisivas. 
Tras haber practicado el inglés en Polonia -y sabiendo que en Octubre también lo iba a utilizar en Filipinas-, acabé decantándome por buscar prácticas en Francia y así refrescar lo aprendido el verano de 2013 en Bretaña.
La universidad apenas ofrecía nada fuera de España, de modo que tuve que buscar todo por mi cuenta y, al final, acabó siendo mejor, ya que pude dirigirme hacia un sector en el que aún no había trabajado y del que no se reciben ofertas en la universidad: el TURISMO DE AVENTURAS.
Así pues, tras varios meses enviando mi CV y carta de motivación en francés a cientos de campings y empresas de turismo activo de Francia, acabé siendo aceptado en una empresa del sur del país, llamada Roc et Canyon y situada en la encantadora localidad de Millau, con una población de 25.000 habitantes. Para colmo, las condiciones que me ofrecían de estas prácticas eran mejores que en la mayoría de los casos españoles y, al tener lugar en el extranjero, pude solicitar la beca ErasmusPlus, de la que he acabado siendo beneficiario. En esta ocasión ni dormía en un hotel -como en Lloret de Mar- ni en un apartamento -como en Bretaña- sino que lo hacía en una caravana que me aportó la empresa (mobilehome): situada a 30 metros de mi puesto de trabajo.

El recorrido era de unas 8 horas en coche desde Zaragoza, por lo que ésta se convirtió en una oportunidad perfecta para que mis padres y hermano me acompañasen hasta Millau y así, realizar un viaje en familia que tantos años llevábamos sin hacer.
Comenzamos pasando la noche en la Costa Brava y seguimos el día siguiente hasta Montpellier, que cumple todos los rasgos metropolitanos típicos de una ciudad francesa. Para mayor sorpresa, nos sentimos bastante orgullosos -como buenos aragoneses- de encontrar en esta ciudad tantos vestigios de una ciudad que, en su tiempo, formó parte de la Corona de Aragón. Pero, el problema de Montpellier fue, sin lugar a dudas, desplazarse a través de todas las obras que en ella había y que, en lugar de realizarlas por secciones, estaban esparcidas por toda la villa.
Finalmente, al tercer día llegamos a la esperada Millau, situada a los pies de un hermoso valle, en medio del Parque Nacional de Cévennes y el Parque Natural des Grand Causses, pero mundialmente conocido por su famoso viaducto, el más alto de Europa y hasta hace poco del mundo con 343 metros de altura. Aquí tras despedirme de mis padres y hermano, comencé a instalarme en la caravana.
Situada entre estos dos parques y con los ríos Dourbie y Tarn  a su paso, Millau goza de un paisaje único e idóneo para realizar todo tipo de actividades en la naturaleza como: descenso de barrancos, parapente, paracaidismo, kayak, rafting, escalada, puenting, espeleología, vías ferratas, senderismo, pesca deportiva o rutas BTT. 
Aquí mi labor era bastante polivalente, y se basaba tanto en los servicios de acogida, información y logística como en los de distribución de equipos e incluso trasporte de clientes en furgonetas.      
Para colmo, no vivía solo en la caravana, sino que la compartía: al principio con una chica holandesa del trabajo bastante introvertida y después, tras mudarse ésta a un apartamento, fue con otro compañero del trabajo holandés, Rob. 
Nuestro equipo estaba formado por 16 personas de las que nosotros tres éramos los únicos extranjeros y, por suerte, tuvimos la suerte de formar un ambiente realmente agradable y bastante simpático, lleno de vitalidad y perteneciente a todo rango de edad; desde mis 22 años, hasta los 55 de los monitores más veteranos. 


Sin duda, ésta fue una ocasión única para profundizar mis conocimientos en el sector, disfrutar del paisaje y, al mismo tiempo, beneficiarse de los servicios que la empresa ofrece gratuitamente a sus trabajadores –claro está-. Por ello, aprovechaba cualquier ocasión y día “en repos” (día libre) para apuntarme a todas las actividades que había planificadas en ese día. He aquí un vídeo de todo lo que tuve la oportunidad de disfrutar: descensos de barrancos, kayak, puenting, parapente y mucho más:


lunes, 1 de julio de 2013

ARZON (BRETAÑA), FRANCIA. JULIO-AGOSTO 2013

Un día normal de Noviembre recibí un correo por parte de la bolsa de empleo de mi universidad donde se ofrecía trabajo en Francia como camarero, recepcionista o animador turístico. Había trabajado el verano pasado de animador turístico en un hotel de Lloret de Mar, tenía experiencia, manejaba inglés, pero mi francés era insuficiente. Iba a estar en prácticas, me daban alojamiento y 150 míseros euros al mes por hacer lo mismo que el resto.
Aun así, lo interpreté como un reto: dos meses de vida independiente en el extranjero donde abrir la mente y, sobre todo, aprender francés, de manera que no lo quise ver como un gasto, sino como una inversión. De modo que, recién sacado el carnet de conducir, recorrí 1.000 km en 3 días desde Zaragoza hasta el norte de Francia con mi padre de copiloto, quien se volvería con el coche a los 2 días para España
La primera noche dormimos en BURDEOS, donde el río Ebro al lado del Garona parece un charco.
La segunda parada fue en VANNES, típica ciudad de juguetes, silenciosa, limpia y con gente muy educada.
La tercera hicimos un desvió de casi 2 horas para visitar el MONT SAINT-MICHEL, en la baja Normandía. Un lugar mágico, lleno de paz y de inspiración.
Y ese mismo día de vuelta de la ciudad medieval llegamos a nuestro destino final: PORT DU CROUESTY, Arzon.
En este lugar, de un clima no tan cálido como el de España, abundan las playas vírgenes, el silencio y el orden, por lo que a mí -como español que siempre ha veraneado en la costa levantina- me resultó llamativo. Además es una zona llena de barcos de vela donde, según el día, el horizonte se llenaba de tantos que era imposible contarlos.
Respecto a la comida, al igual que la mayoría de las cosas, es más cara que en España. Afortunadamente, no pasaba lo mismo con el queso, de gran sabor y de todas las clases posibles. Para colmo, las crêpes son originarias de Bretaña, de modo que acabaría siendo costumbre acudir al muelle con el resto del equipo a tomar alguna que otra crêpe o galettes (crêpes saladas).

En los últimos minutos con mi padre sentí una sensación de soledad donde me preguntaba, “¿Qué estoy haciendo aquí?”. Sin embargo, desde el primer momento me sentí muy acogido por el resto de trabajadores del lugar y su buena educación, que constaba de un equipo de 20 animadores, 10 camareros y recepcionistas y mis 3 jefes: de animación, de espectáculos y bailes y de la organización general. Lo mejor de todo es que ninguno superaba los 27 años, por lo que había muy buen entendimiento. 
Allí dormía en una casa de 30 metros cuadrados compartida con 2 personas más: Jean Gauthier y Ciaran, -que a pesar de ser de Irlanda hablaba español-. Ésta disponía de una cocina americana y 2 sofás que eran la cama de Ciaran y mía. A parte, teníamos un baño con ducha, un armario y una litera en un hueco donde dormía Jean Gauthier. 
Las 2 primeras semanas fueron duras en el sentido del idioma, ya que me ordenaban ciertas tareas que no entendía y muchas veces me sentía algo inútil, ya que al principio tenía que ir acompañado de alguno de los animadores para que me explicara lo que hacer. Afortunadamente, sin haberme siquiera dado cuenta, a mediados de verano ya notaba cómo empezaba a descifrar todo lo que decían y podía hablar fluidamente su idioma.
Finalmente, tras pasar por todos los clubes, (desde los niños de 3 a 12 años), acabé quedándome en el que era mi favorito: el “Club Junior”, con niños de 10 a 12 años.
Este rango de edad fue realmente agradable a la hora de trabajar, ya que los niños no eran ni demasiado pequeños ni demasiado grandes, de modo que podíamos hacer bromas y juegos de todo tipo y pasárnoslo tan bien como ellos. Asimismo, los monitores eran muy simpáticos y trabajadores pero, ante todo, positivos, por lo que hicimos una gran amistad que dio lugar a un montón de anécdotas durante el trascurso del verano...

Dado que tenía acento español, no imponía mucho en momentos de mandar silencio a los niños, pues si lo hacía a los muy benditos les entraba la risa. Por ello, decidí adoptar el papel de poli bueno. 
Sé algunos trucos de magia barata y juegos tontos con los que pasar el tiempo, por lo que la relación con todos ellos fue muy buena. Fueron unos grandes profesores para mí y, si hacía falta, repetían palabras que no entendía, las escribían e incluso las dibujaban.
También los animadores me enseñaban el idioma, muchas veces por necesidad y muchas otras por errores míos, al confundir palabras que no debería haber dicho, pero que se parecen mucho entre sí: tales como “feutre-foutre” (rotulador-corrida) o “chat-chatte” (gato-coño).
Pero, sin lugar a dudas, lo mejor de este trabajo  fueron los espectáculos nocturnos. 
A pesar de haber bailado para cientos de personas en Lloret de Mar, esta vez teníamos coreografías muy trabajadas donde se nos exigía mucho más. 
Sin embargo, de los 20 animadores, sólo había 3 bailarinas profesionales y 3 o 4 que sabían moverse, de manera que es fácil hacerse a la idea de cómo nos salían los bailes al principio...
Aquí aprendí muchos pasos y me lo pude pasar en grande, tanto en los ensayos como en los espectáculos de cara al público, pues el ambiente se llenaba de fuerza y energía entre los trabajadores. Asimismo, resultaba igualmente emocionante actuar bajo aquellos focos multicolores al ritmo de una potente música que reflejaba en el rostro de las familias gestos de asombro y, en muchos casos, carcajada.
De esta estancia, me llamó especialmente la atención la buena educación de los franceses, ya sean mayores o pequeños, sin o con confianza, siempre nos deseaban los buenos días, pedían las cosas por favor y siempre las acompañaban de un “gracias”. Estos 2 meses fueron un aprender constante, un verano inigualable.
“Detrás de cada miedo está la persona que quieres ser: si huyes de tus miedos no estás controlando el día: El día te controla a ti”