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sábado, 21 de junio de 2014

FIN DE ERASMUS

Este fue un año que dio lugar a muchas historias, aventuras y anécdotas que contar a familiares y amigos. Pero el Erasmus a parte de viajes y estudios, también nos brindó la oportunidad de hacer actividades fuera de lo común como...:
Voluntariado en escuelas


Rafting
Juwenalia
Juwenalia
Escapadas al lago


Fiesta en limusina
Visita al zoo
Visita a Wroclaw
Wroclaw


Mar Báltico
Visita a Gdansk
Gdansk
Visita a las montañas de Zakopane

 Carrera de colores
 Eurodinners

 Baños y barbacoa en lagos

Asistir a un partido del Wisła como socios por 2,5€ con la visita de mis amigos desde Zaragoza

Y muchas historias más que no se pueden contar... ;)










martes, 1 de octubre de 2013

CRACOVIA, POLONIA (SEPTIEMBRE2013-JUNIO2014)

Polonia es un país digno de visitar, con mucho potencial por explotar y con grandes oportunidades para vivir y trabajar. Si eres estudiante, tienes ganas de conocer gente de todo el mundo o simplemente pretendes gastar menos, Cracovia es tu destino.
 Cracovia es una ciudad en la que realmente vale la pena vivir. De un tamaño y población similar a Zaragoza (~750.000 habitantes) hace que las distancias entre sí no sean ni muy largas ni muy cortas. Además existen unas buenas comunicaciones, principalmente con el tranvía, que tiene su propio carril y le permite librarse de posibles atascos. Sin embargo, aún hay varios de ellos que son antiguos, ruidosos, elevados y bastante inaccesibles para personas mayores.  El coste por viaje es de 1.40 zlotys para estudiantes (0.35€) y el abono semestral sale a unos 45€. Si vas andando un día de lluvia por la acera ¡no te acerques a la carretera! Es muy irregular y está llena de charcos que al paso de los coches pueden dejarte empapado.
Respecto a la historia de la ciudad, no es muy difícil encontrarse con restos marcados por la 2ª Guerra Mundial o la posguerra; como el Ghetto judío de Cracovia y su Plaza de las Sillas, campos de concentración en Auschwitz y Birkenau o el gris y desolador barrio comunista de Nowa Huta, construido durante la Guerra Fría.
Pero ello no significa que la ciudad sea gris, ¡ni mucho menos!. Probablemente sea una de las ciudades con los edificios más coloridos que he visto. No cabe olvidar que Cracovia fue la capital de Polonia hasta el siglo XVI, cuando se cambió a Varsovia. Esto le otorgó grandes riquezas a la ciudad y un gran patrimonio como es su Plaza del Mercado-de la que dicen que es la plaza medieval más grande de Europa- sus coloridas calles del casco histórico, la Universidad Jagellonian, el Castillo de Wawel o el barrio judío de Kasimierz, lleno de todo tipo de bares alternativos y lugar donde se han rodado varias escenas famosas del mundo del cine como la “Lista de Schindler”.
Ésta es la ciudad más bonita y occidentalizada de Polonia, por ello es también fácil encontrarse con una amplia gama de servicios dedicados al turista como puestos de souvenirs, arte y música callejera, restaurantes italianos, mexicanos, McDonalds, KFCs, paseos en barco por el río Vístula o cochecitos eléctricos que te hacen un paseo explicativo por la ciudad. Asimismo, Cracovia está repleta de estudiantes universitarios procedentes de todo el mundo, que siempre están dispuestos a salir de fiesta, cualquier día de la semana. Por lo que la fiesta está asegurada de Lunes a Viernes, con temáticas de todo tipo. Una de las que más me llamó la atención fueron las TRAM PARTY que, como el propio nombre indica, se realizan dentro de un tranvía con luces y música a todo volumen que se va desplazando al mismo tiempo por los raíles de la ciudad.

Haciendo referencia a la gastronomía polaca, está principalmente basada en sopas de todo tipo, guarniciones de setas, coliflor, remolacha y los famosos pieroguis que son como unos raviolis grandes y gruesos que pueden estar rellenos de queso, carne o espinacas entre otros.
Por último, no puedo hablar de Cracovia sin mencionar a la gente polaca, a mi parecer, gente muy sencilla y educada; un tanto tímida y callada al principio, pero no tanto tras unas cuantas copas de vodka o cerveza cuando, inesperadamente, se convierten en gente realmente diferente y extrovertida. Tampoco podría hablar del país sin mencionar la belleza de las mujeres polacas: ojos verdes y azules, piernas kilométricas, delgadas… ¡y enamoradas de los españoles! Pero en caso de no estar convencidos, Polonia en sí mismo es un país de estudiantes de intercambio, lleno de gente de todo el mundo y donde las relaciones internacionales están a la orden del día.

miércoles, 18 de septiembre de 2013

ERASMUS EN CRACOVIA. PRIMERAS EXPERIENCIAS

El 2 de Septiembre llegué desde Nantes(Francia) a mi querida ciudad, Zaragoza. Allí tuve una semana para poder saludar a todos mis familiares y amigos y otra semana para despedirme ya que el 18 de Septiembre partía de nuevo, esta vez dirección Cracovia, Polonia: Me esperaban 9 meses de vida Erasmus por delante, llenos de anécdotas e historias sin igual.
Una de las principales razones por las que me decanté por Polonia fue la diferencia cultural. En comparación con otras culturas, la eslava me resultaba totalmente desconocida.
El clima no me supuso ningún problema pues vengo de Zaragoza, conocida como “la ciudad del viento”. Tanto es así que por muy bajas temperaturas que alcanzasen los termómetros, con unas cuantas capas de ropa y un buen abrigo se me hacía bastante llevadero.
Respecto a la calidad de vida no es tan buena como en España, pero sus precios son bastante más bajos, y eso es algo que como estudiante es digno a tener en cuenta.



La localización geográfica del país fue otro factor decisivo: al norte el mar Báltico y a sus lados Alemania, RepúblicaCheca, Eslovaquia, Ucrania, Bielorrusia, Lituania y Rusia (pequeño territorio ruso en medio de Lituania y Polonia). 
Asimismo, su red de transporte aéreo resulta increíblemente barata (100€ a Israel, 70€ a Noruega y Holanda, 20€ a Francia y desde allá 15€ a España)  y, en el caso de los autobuses, también son cómodos y espaciosos gracias a la compañía POLSKIBUS. 

De tal modo, el factor precio y el factor localización crearon un mix perfecto para animarme a viajar desde Cracovia, cuya ciudad se sitúa a menos de 9 horas de algunas de las ciudades más bonitas del mundo como son Viena, Berlín, Praga o Budapest: 
Cracovia - VIENA-> 8h 35´ ~400 km
Cracovia - BUDAPEST-> 7h 15´ ~400 km
Cracovia - BERLÍN-> 8 horas  ~600 km
Cracovia - PRAGA-> 9 horas  ~550 km

La primera semana estuve alojado en unos pisos provisionales gestionados por una empresa de alojamientos llamada SODISPAR. Esta compañía se encargaba de recoger estudiantes Erasmus recién llegados del aeropuerto y llevarnos directamente a nuestros respectivos pisos, los cuales compartíamos con más estudiantes Erasmus y no costaban más de 7 euros noche. A parte, una guía que hablaba español nos daba unas hojas informativas sobre la ciudad de Cracovia: qué ver, qué hacer, dónde comer, cómo moverse por la ciudad... Y también nos proporcionó unas tarjetas móviles a cada uno que fueron de gran ayuda para estar ya desde el primer día conectados.

De tal modo, estos días fueron destinados a chequear pisos tanto en Internet como en persona y, al mismo tiempo -por gracia o por desgracia-, entablé amistades con un grupo de españoles con los que compartía estos pisos provisionales: Mi principal idea del Erasmus era huir de los españoles, pero en Cracovia es algo realmente difícil, pues somos una plaga. 
Fue por esto que a la hora de buscar piso, Jorge (estudiante de turismo de Zaragoza con el que vine a Cracovia) y yo nos marcamos como principal requisito el de vivir con extranjeros.
La mayoría de pisos tornaban los 1000 zlotys mensuales por persona (250 euros) de los que una gran parte era una verdadera basura: Había donde tocabas el techo con la cabeza, donde al abrir la puerta del baño impedías abrir la de la cocina u otros donde a un metro de la cama se encontraba la cocina a gas… Para colmo, cuando alguno nos convencía estaba compartido con españoles y denegábamos la oferta.
Finalmente, tras patearse mucho la ciudad, encontramos el que sería nuestro piso, situado en una 3ª planta, sin ascensor, salón ni televisión, pero vivible. Además conseguimos alcanzar nuestro objetivo de "no españoles" y acabamos compartiendo el piso con 2 chavales franceses de Lille: Françoise-Xavier y Geoffrey. Gracias a ellos pude seguir mejorando mi francés que aprendí durante el verano en Bretaña y entablamos una gran amistad.
SODISPAR fue de gran ayuda para hacerse con la ciudad, pero lo fueron aun más nuestras mentoras Erasmus: Eran estudiantes polacas de la misma universidad donde íbamos a estudiar el curso académico: Uniwersytet Ekonomiczne w Krakowie, también llamada UEK. Mi mentora –Natalia- y la de Jorge –Ola- nos ayudaron en todo cuanto podían: funcionamiento de la universidad, clases, zonas de bares, eventos… Y principalmente nos ayudaron a conocer todas las actividades Erasmus y a integrarnos con el resto de la gente.

Respecto a la universidad, constaba de un campus de más de 5 pabellones, 2 restaurantes, 3 bares, piscina cubierta, pabellón y una pista de fútbol y tenis al aire libre. Las clases eran impartidas en polaco, y en inglés para los estudiantes Erasmus y aquellos polacos que quisieran continuar sus estudios en este idioma. 
Cracovia, con 5 universidades públicas y más de 10 privadas, se ha convertido en una de las ciudades universitarias más importantes de Europa.   

Una semana antes de empezar las clases tuvo lugar la Integration Week (Semana de Integración), que consistía en eventos varios y fiestas en las que conocer al resto de estudiantes Erasmus mediante juegos de pistas en medio de la ciudad, paseos en barco por el río Vístula, laser tag, TramParty, Eurodinner, Tandems... Esta última actividad se realizaba en un bar en el que las mesas estaban clasificadas por países, ofreciendo así 2 alternativas: sentarme en la mesa de España y dar a conocer mi país o acudir a las mesas de otros países y conocer sus respectivas culturas. Y, dado que soy un amante de lo desconocido, el primer día me acerqué a la de Bangladesh, Turquía y Vietnam donde, curiosamente, nos juntamos gente de Canadá y Francia.
En esta semana estreché amistades con gente de todo el mundo, jóvenes de mente abierta, sin ideas predeterminadas sobre los demás países y dispuestos a aprender tanto cuanto les sea posible sobre el entorno que les rodea. Todos teníamos una misma inquietud que nos movía a abrirnos al resto, a entrelazar relaciones y a seguir adelante en los siguientes meses que nos esperaban: El Erasmus había comenzado y con él uno de los mejores años de mi vida.